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De hobby a sueño: el poblano que convirtió su pasión en miles de piezas… y quiere un museo

Guillermo Sánchez no sabe exactamente cuántos objetos tiene. Perdió la cuenta hace años. Lo que sí sabe es que su vida gira alrededor de ellos.

Todo empezó en la infancia, con cuentos y juguetes. Décadas después, esa afición se convirtió en una colección enorme —principalmente de Coca-Cola— que hoy exhibe en el Centro Histórico de Puebla.

Hay de todo: botellas de mundiales, latas raras, figuras, hieleras antiguas y hasta piezas que aún conservan el refresco intacto. Algunas han sido vendidas por cientos o miles de pesos. Otras, simplemente, se quedan porque tienen un valor especial.

“Lo que para unos es basura, para otros es un tesoro”, resume.

Su historia también tiene giros inesperados. Tras trabajar en Coca-Cola y enfrentar problemas de salud, encontró en su colección una forma de seguir adelante. Desde 2003 abrió un espacio donde comparte sus piezas… y eventualmente comenzó a venderlas.

Hoy calcula haber vendido más de 55 mil artículos.

Pero su colección no se limita a refrescos: también hay figuras de Los Simpson, Bob Esponja, minions, viniles, juguetes y objetos curiosos que ha encontrado en tianguis o tiendas.

Su casa, de hecho, ya funciona como un museo improvisado.

Aun así, su meta es clara: abrir un museo formal. No tanto para hacer negocio, sino para que la gente pueda ver, tocar y entender la historia detrás de cada objeto.

Porque para Guillermo, coleccionar no es acumular… es contar historias.

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